¿En qué consiste la floración de los viñedos?

El ciclo de la vid transcurre por diversas etapas a lo largo del año, es decir, todos los años se repite el mismo proceso con el único objeto de producir la materia del vino. La floración del viñedo es una de las etapas más destacadas de este ciclo.

Esta parte del ciclo se produce durante el mes de junio y dura entre 15 y 20 días, período que abarca los últimos días de la estación de la primavera y los primeros días del período estival. Es necesario que las condiciones climatológicas sean estables, ya que cualquier cambio brusco (inundaciones, tormentas, granizo, etc.) puede suponer la pérdida total de la cosecha. Las condiciones meteorológicas negativas pueden dar lugar a la aparición de hongos y bacterias (mildiu, oidio, etc.) que también afecten de manera negativa a la cosecha.  En nuestras bodegas de vino de Rioja Alavesa recomendamos una temperatura que oscile entre los 15 y 20 ºC, siempre con la máxima luz disponible y sin lluvias, a ser posible.

¿Qué cambios se producen en la vid durante la floración?

En esta parte del ciclo los gránulos de polen caen sobre la superficie del estigma, lo que hace que este desprenda un líquido azucarado que hace germinar los óvulos que han fecundado. El resultado es el crecimiento y la constitución de los granos de la uva, es decir, la transformación de la flor en fruto. Esta parte comienza en mayo y culmina en el mes de junio, tal y como se ha indicado antes.

Cuidados en la floración del viñedo

La floración de la vid es una de las partes más importantes del proceso de la planta. La importancia reside en que en este momento se determinarán el volumen de la cosecha y su duración según el crecimiento de la planta.

Uno de los problemas que más preocupan a los viticultores es el fenómeno llamado corrimiento. Este hecho sucede cuando existe una mala fecundación de los racimos, haciendo que estos no favorezcan el óptimo desarrollo e, incluso, posibilitan la caída de las bayas. Las causas de este fenómeno pueden ser patológicas, por falta de nutrientes (hierro o boro) y por malas condiciones climatológicas, entre otros factores. Para evitar este problema, es necesario tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

· Fertilidad del suelo. Los suelos demasiado fértiles harán que haya un exceso de nitrógeno, lo que puede llegar a causar un corrimiento. Lo más recomendable es utilizar abonos bajos en nitrógeno para compensar.

· Densidad de la plantación. Una excesiva o escasa plantación hará que los nutrientes más importantes (luz y agua) no se repartan de forma equitativa por todo el viñedo, lo que provocará un crecimiento desigual en la uva.

Floración según la uva

El proceso de floración, así como los cuidados, varía según la modalidad de uva. En el mundo hay infinidad de variedades de esta fruta; no obstante, no todas son aptas para hacer vino ni tienen la misma calidad.

La uva tempranillo florece en un clima mediterráneo continental, es decir, propio de la meseta central, el interior de Cataluña y el noroeste de Andalucía. Este clima se caracteriza por los inviernos largos y los veranos cortos, por lo tanto, el ciclo de la uva también es más corto. La problemática reside en que el riesgo de que la cosecha se vea perjudicada es alto, ya que en las citadas zonas se producen heladas con bastante frecuencia.

El verdejo es una uva con poco rigor. La fertilidad que presenta es muy baja, necesitando podas largas para conseguir producciones aceptables. Se produce en las zonas donde las precipitaciones son escasas.

La uva denominada syrah es de cultivo fácil. Requiere una gran cantidad de sol y de altas temperaturas, sus racimos son muy pequeños y, por consiguiente, los granos de uva también lo son. Se puede cultivar en la mayor parte del territorio para conseguir un vino amable y suave, de sabor muy intenso y color morado.

La uva denominada cabernet sauvignon está considerada una de las de mayor calidad y fama entre los amantes del vino. Se cultiva en cualquier zona, aunque es muy recomendable realizarlo en climas cálidos. En comparación con otras uvas, su floración es tardía. Para que crezca en las mejores condiciones posibles, el suelo ha de ser seco y de fertilidad moderada.

Para producir vino de mucha calidad existe la variedad merlot. El brote de las yemas en este tipo es muy temprano, de ahí que sea más propensa a sufrir las inclemencias metereológicas; por lo tanto, la fertilización previa tiene que ser baja en nitrógeno.

En nuestra web de la bodega Heredad de Aduna es posible encontrar más información sobre este proceso y probar su resultado. Si te ha gustado nuestro post, déjanos un comentario y compártelo en redes sociales.

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