El vino y los sentidos

Un buen vino reconforta el cuerpo y espíritu. Además, está demostrado que tiene efectos beneficiosos para la salud. Basten como ejemplo su contribución en la prevención de enfermedades cardiovasculares o sus propiedades antitrombóticas. Eso sí, tomado siempre con moderación. Tradicionalmente, se ha relacionado el vino con tres sentidos del ser humano: el olfato, la vista y, por supuesto, el gusto. Pero el oído y tacto también cumplen su función en el goce de un buen caldo. Se tratará la relación entre el vino y los sentidos.

Hacer y disfrutar el vino con los cinco sentidos

Situada en plena Rioja alavesa, la bodega Heredad de Aduna lleva viviendo el vino treinta y cinco años. Se puede decir que se utilizan los cinco sentidos en la construcción de sus vinos para lograr un resultado extraordinario. El cliente ha de recoger el testigo y poner, a su vez, sus sentidos en el disfrute del caldo.

Tacto, oído y vista

El tacto no solo se manifiesta en las manos (donde se sienta la temperatura de la copa o su forma), sino también a través de la sensación que deja el líquido en la lengua y paladar. Se detecta así su temperatura; su cuerpo, que da una idea de la densidad y consistencia del vino, y finalmente, las sensaciones que aporta (según sea aterciopelado, áspero, duro, etc.).

¿Cómo interviene el oído a la hora de probar un vino? Si se asiste a una cata, se comienza escuchando la explicación que brinda el experto, el sommelier. En ocasiones, la degustación se acompaña con música para que la acción de beber interactúe con la melodía y se cree un auténtico maridaje sonoro . Esto también se puede conseguir en casa. Basta con buscar la música apropiada.

El lugar, la luz y el ambiente donde se consume la bebida son elementos que entran por los ojos. Cuanto más agradables sean, más se disfrutará la experiencia. La paleta cromática que presenta una copa de vino puede dar una idea de la graduación alcohólica o la edad del caldo, datos que nos confirmarán el olfato y el gusto. Otros elementos que aportan color son la variedad de uva, la crianza en barrica, la elaboración, etc.

Los sentidos químicos: el olfato y el gusto

Los expertos dan mucho valor al olfato a la hora de describir un vino, pues aporta mucha información. El aroma del vino depende de factores como la variedad de uva, la crianza en barrica o la madera en que la barrica está fabricada. Es conveniente seguir dos pasos a la hora de apreciar el aroma: oler el vino antes de mover la copa y después (hay que girar el líquido en la copa para que todos los aromas despierten). En ambos casos, la fase olfativa es nasal. Una vez ingerido el vino, se pasa a la fase retronasal, donde los aromas liberados regresan a la nariz. Se suelen diferenciar los aromas primarios (derivados de la uva o frutales), secundarios (al agitar la copa) y terciarios (provienen del envejecimiento del caldo).

Las papilas gustativas reflejan cuatro sabores. El salado, detectado en la parte central de la lengua; el amargo, cerca de la garganta; el ácido, que es básico en este caso y puede provenir de la uva o la fermentación; y finalmente el dulce, que se nota en la punta de la lengua y da una idea del dulzor de la uva. Están presentes en todos los vinos en mayor o menor grado. Lo interesante es lograr un equilibrio que estimule este sentido y la permanencia de la sensación tras ingerir la bebida.

El vino es una experiencia y emoción. Así lo entendemos en Heredad Aduna, nuestra bodega galardonada donde juntamos la tradición con nuevas tecnologías. Conjugamos el vino y los sentidos . Consulte la tienda on-line. No se arrepentirá.

>> Saber más: Sabores en boca del vino

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