La arquitectura en el vino

Hace décadas al mundo del vino le salía un interesante pretendiente: la arquitectura. Un pretendiente que con los años se ha ganado el afecto del mundo vinícola generando una auténtica cultura de la arquitectura del vino. Una cultura que deja espacios que merecen la pena ser visitados y perpetuados no solo por los caldos.

Un matrimonio bien avenido que, desde luego, no resulta del todo sorprendente si tenemos en cuenta que el mundo del vino es un mundo ligado desde sus comienzos a la belleza.

El arte de la arquitectura del vino

Nombres propios del mundo de la arquitectura como Calatrava, Frank Gehry, Norman Foster o Zaha Adid han formado parte de esta irrupción del alto diseño en las principales bodegas. Bodegas que han sabido apostar por la modernidad en algunos casos, por la tradición en otras.

Jesús Manzanares, encargado del diseño de las bodegas de Pagos de Capellanes, es uno de los grandes ejemplos en la modernización de los espacios. Una modernidad y un atractivo que han generado en los últimos años un turismo que visita las bodegas por el contenido, pero también por los continentes.

Bodegas Portia y Norman Foster, el mismísimo Eiffel y la Real Bodega de La Concha son otros dos grandes ejemplos de un tema que genera ríos de tinta y de estudios de la materia. No es para menos, si tenemos en cuenta que en este último caso estamos hablando de las bodegas más visitadas de Europa cuyo diseño encarna mejor que ninguno la evolución de este binomio.

Hablar de vinos y de arquitectura es, cómo no, hablar de lugares como Jerez, pero también de la Rioja. Es hablar de una de las zonas de mayor tradición vinícola de España en general y es hablar de Haro en particular. Una población que concentra un gran número de importantes bodegas, entre las que se encuentra la de Viña Tondonia.

Zaha Hadid es la arquitecta en este caso del aspecto que hoy lucen unas de las más emblemáticas bodegas de nuestro país y del mundo entero. Una rúbrica de la mano de una mujer en los primeros años de este siglo y que deja unas instalaciones que han sido capaces de incluir la plasticidad propia de esta profesional en la estética tradicional más férrea de la Rioja. Un auténtico puente entre el futuro y el pasado, donde el presente solo se limita a observar.

La evolución de esta arquitectura aplicada

Respecto a cómo ha evolucionado la arquitectura, la conclusión es obvia: a la misma velocidad que las necesidades de la sociedad. Así, si bien en un principio se pensaban espacios al servicio de la producción del vino y el almacenaje conforme a los estilos locales, en la actualidad la idiosincrasia de las bodegas, los gustos personales, la satisfacción visual de los clientes e incluso la vanidad de algunos forman parte de proyectos que convierten a las bodegas en mucho más que en empresas productoras de vinos.

Auténticos alardes arquitectónicos o museos del vino que visitar y que se han convertido en atractivos locales a la altura de otros reclamos monumentales. Atrás quedan las bodegas catedrales, como las que hay en Jerez, para dar paso a diseños más vanguardistas y modernos. Diseños conformes con los tiempos y con las tendencias que no dejan a un lado, por supuesto, las necesidades de las bodegas como tal.

Las Bodegas Marqués de Riscal de Frank Ghery, las Bodegas Chivite de Rafael Moneo o las Bodegas Enate y Álvaro Palacios del arquitecto Jesús Manzanares, son otros ejemplos del sinfín que podríamos enumerar.

En Heredad de Aduna, bodega con gran tradición y especialista en vino garnacha y rioja, apostamos por esta relación abocada a perdurar en el tiempo. Os animamos a visitarnos en Samaniego

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