Las texturas del suelo en el viñedo

Las diferentes proporciones y tamaños de la arena, limo y arcilla de un terreno son las que determinan las texturas del suelo. Estas, junto con las características térmicas del mismo, tienen gran influencia en el cultivo de la vid. De ellas dependen su capacidad para retener la humedad y el aire, la facilidad con la que puede trabajarse y los obstáculos que hallará la planta para acceder a los nutrientes necesarios. Así, por ejemplo, la tierra de textura seca y pedregosa favorece la maduración de la uva mientras que la húmeda la retarda.

Dependiendo del elemento predominante, los suelos se clasifican en:

  • Aluviales o pedregosos. Son los formados por piedras de menor o mayor tamaño. Se encuentran en valles fluviales o glaciares y en zonas volcánicas y de montaña. Son excelentes para el cultivo vinícola pues facilitan la permeabilidad y el drenaje de las viñas pese a su escasez de materia orgánica. A esta categoría pertenecen los viñedos de la DO Rueda.
  • Arenosos. Están compuestos, en su mayor parte, de grava y arena. Ambas son partículas de piedras silíceas pero de distinto tamaño. Estos terrenos son porosos, se saturan con poca agua y se secan rápidamente. Su morfología impide que las viñas accedan a los minerales y otros nutrientes del suelo que, además, suelen ser escasos. En combinación con un clima cálido, se obtienen vinos blancos y tintos con poca graduación, pálidos, suaves, de acidez ligera y poco tanino. Los vinos de California son un buen ejemplo de ellos. En zonas más frías, los caldos son más aromáticos como los de la zona de Burdeos o Graves.
  • Limosos. Estos presentan una textura más fina que los anteriores por lo que atrapa más el agua, pero aguanta menos el calor. El limo se forma a partir de sedimentos que se depositan en lechos de ríos o zonas inundadas. Este no posee el drenaje de los suelos arenosos ni la capacidad de liberar nutrientes de los arcillosos por lo que el vino que se elabore será de mayor graduación, brillante y con bouquet.
  • Arcillosos. Se forman a partir de micropartículas muy unidas y con una gran capacidad para retener el agua. En estado húmedo son pegajosos y resbaladizos. Una vez secos, compactos y duros. El pequeño tamaño de las partículas que los forman propicia la toma de agua y alimento la vid, aunque, si lo son demasiado, pueden ahogarla. Este terreno es ideal para variedades tintas pues las plantas desarrollan componentes fenólicos que proporcionarán el color, el aroma y la textura al vino. Este será de graduación alcohólica media, tánico y con volumen.

​Otras texturas heterogéneas

Lo más usual, sin embargo, son los suelos mixtos, con una mezcla de las anteriores categorías, que dan lugar a nuevas estructuras edafológicas. Desde el punto de vista vinícola, destacan las siguientes contexturas:

  • Franco-arenosa. Es la formada por la mezcla de gran cantidad de arena con limo y arcilla. Muy apreciada para el cultivo de viñas, de ella se obtienen vinos blancos de calidad, con gran aroma y ligereza.
  • Franca. Es la que se da en suelos con una mezcla uniforme de arena, arcilla, limo y humus (materia orgánica en descomposición). Son muy fértiles lo que produce viñedos robustos de los que se obtienen vinos sabrosos, ricos en aroma, color y con un grado de acidez correcto.
  • Franco-arcillosa. Compuesta por arcilla y limo y arena en menor cantidad. Son suelos muy productivos pero los caldos elaborados con uvas de estas zonas son de paladar grosero y poca calidad.
  • Arcillosa. Su contextura favorece la retención de la humedad pues en su composición predomina la arcilla, aunque mezclada con humus y limo. Los viñedos plantados en suelos de textura arcillosa producen caldos bien estructurados pues los ciclos madurativos son más largos lo que garantiza una mayor presencia de polifenoles. Además, suelen ser tánicos, de aromas frutales y baja graduación. Se pueden encontrar en gran parte de La Rioja, Ribera del Duero y Jumilla. Algunos de los tintos de Heredad de Aduna se cultivan en suelos con esta textura.

Aunque no es el único factor determinante, las texturas del suelo influyen en la calidad, cantidad y variabilidad de los vinos pues están directamente relacionadas con la fertilidad del terreno.


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