¿Qué es la mineralidad en el vino?

La mineralidad es una cualidad del vino que cada vez está más en boga. Es común creer que tal concepto hace referencia a los minerales que la vid absorbe en su alimentación, ya que el propio nombre inspira tales pensamientos. Sin embargo, la realidad, como en otros casos, es mucho más compleja de lo que suele dejarnos ver. Por tanto, conocer de dónde surge este término y a qué hace referencia nos permitirá descubrir un poco más sobre el mundo del vino.

Una cualidad escurridiza

Este término aparece por primera vez en los años 80. Fue el crítico de vinos Robert Parker, uno de los mejores de la época, quien describió un nuevo detalle en una cata que estaba realizando. En una nota apuntó que aquel vino poseía un regusto a piedra húmeda. No obstante, en poco tiempo el concepto evolucionó al que es usado en el presente.

Pero, ¿a qué hace referencia? La ciencia ha intentado resolver el misterio en torno a esta cualidad y aún persisten ciertas controversias. Esta es una característica del vino que cambia de un catador a otro, pese a que en términos generales alude a un conjunto de sensaciones, sabores y olores que podemos percibir en el vino. Olores a yeso o, mismamente, a piedra húmeda nos evocan inmediatamente a un mineral.

En cuanto al sabor, los vinos con esta cualidad suelen ser de gran complejidad y estructura, gozan de un gran cuerpo que el paladar es capaz de percibir. A su vez, que un vino resulte más mineral que otro está relacionado con la austeridad de este. En otras palabras, un vino austero es aquel en el que apenas se notan los matices frutales o florales tanto en el gusto como en el aroma.

La acidez también marca cómo de mineral es un vino, puesto que provoca en la boca un gusto más salado. Como vemos, el verdadero inconveniente de este concepto no radica tanto en su definición como en su origen.

El incierto origen del gusto u olor mineral

Diferentes estudios han afrontado el origen de esta cualidad para facilitarnos su comprensión. No obstante, los resultados han sido de lo más dispares y, a veces, no concluyentes. Hay quien llega a afirmar que es imposible encontrar entre los más de 900 componentes químicos del vino aquellos que provocan esta cualidad.

Algunos estudios apuntan a que ni el metabolismo de la planta ni la presencia de minerales en el suelo aporta esta característica al vino. El origen estaría determinado por las levaduras utilizadas, las condiciones climáticas de la región de cultivo y las particularidades de cada variedad de uva. De este modo, el suelo no tendría nada que ver en este proceso, aunque hay quien piensa lo contrario.

Otros investigadores señalan la presencia de determinados hongos como los responsables de la presencia de ciertos minerales, que a través de ácidos quelatos serían asimilados por las raíces de las plantas durante su metabolismo. Como resultado de ello, en las uvas quedarían trazas de estas actividades biológicas que, posteriormente, nosotros degustaríamos cuando probáramos el vino.

Con independencia de sus orígenes, se trata de una cualidad que podemos apreciar con nitidez en determinados vinos, como es el caso de los más austeros, tal y como se dijo con anterioridad. Sin embargo, no es una cualidad que empeore un determinado vino, sino que le proporciona una nueva dimensión.

Un toque distinto

La mineralidad es un concepto que hace referencia a una cualidad de ciertos vinos, que se manifiesta en el aroma, el gusto o en otras sensaciones. No obstante, si lo que buscamos son riojas o garnachas de calidad en Heredad de Aduna los hallaremos. ¡Tradición y buen hacer unidos!

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