La historia del vino a través de los años

Cuando echamos la vista atrás, podemos encontrar que la evidencia más antigua que habla del cultivo de la uva y su fermentación data del año 5000 a.C. en el antiguo Oriente Medio, pero no fue hasta finales del siglo XIX cuando empezó a despegar su popularidad.

En un comienzo, era una bebida relacionada con los chamanes debido a sus poderes especiales (tanto embriagadores como afrodisíacos), y también fue empleado por curanderos por sus propiedades medicinales y antisépticas. Como es costumbre, las clases sociales más altas eran de las pocas que tenían acceso al vino en sus celebraciones.

Si hablamos de civilizaciones, en la cultura Egipcia tenían la creencia de que fue el rey Osiris quien plantó la primera vid y elaboró lo que sería el primer vino del mundo. Sin embargo, la mitología griega, atribuye su descubrimiento al dios Dionisio, que era el dios de la vendimia. Y los romanos, ¿que pensaban?, pues dieron a su dios el nombre de Baco, descubridor del vino.

Es curioso recalcar que los griegos, comerciaron con sus vinos muy lejos, tanto como les fue posible. Los vinos procedentes de Grecia solían fermentar en tinas revestidas de resina de pino, haciendo así que se suavizaran sus propiedades organolépticas y favoreciendo una mayor y más larga conservación. Por otro lado, los romanos siempre innovadores y sofisticados, fueron capaces de envejecer el vino durante 20 años sellando las ánforas ( eran recipientes cerámicos de un tamaño significativo que poseen dos asas y un largo cuello estrecho) con cera.

Con el imperio romano en decadencia, el vino continuó produciéndose de forma masiva en el Imperio Bizantino y a través de la Ruta De La Seda viajó hasta China.

Durante la Edad Media, la calidad se vio resentida y el mantenimiento vinícola se redujo a la necesidad de contar con él para los sacramentos cristianos, tanto es así, que no faltaba un viñedo en ningún monasterio.

En el renacimiento, la vid encontró cierto esplendor para poder echar raíces en nuevos suelos. Primero fue Sudamérica, destacando Perú como primer territorio en contar con un viñedo y en elaborar vino.  En el siglo XVIII fue uno de los primeros productores vinícolas por la cantidad de vino que llegó a producir. Después, el proceso de vinificación se trasladó a Norteamerica, donde los españoles produjimos vino a partir de uvas autóctonas.

Continuando con el siglo XVIII, las grandes monarquías europeas  emergentes dispararon el comercio del vino, principalmente hacia Inglaterra y Francia, destacando Burdeos como productor de vinos de calidad. Pero como suele ocurrir, los enfrentamientos territoriales provocaron que los ingleses utilizaran otra estrategia para sus vinos, mezclándolos con brandy.  Esto hacía que, la fermentación se detuviese, de manera que quedaba más alcohol en el vino y azúcar residual provocando que resistiese mejor los embates del Mar Océana.

No hay que olvidarse que tras la caída del imperio romano, el transporte del vino se hacía en barricas de madera donde el movimiento y oxidación provocaban como consecuencia un excesivo envejecimiento y picado. Cabe destacar, y traer a la memoria a Dom Perignon, un monje benedictino que desarrolló el método champenoise (para el Champagne), y a quien también se le atribuye el invento del embotellado y taponado de vino tal y como lo conocemos en la actualidad.

Posteriormente, Louis Paster, francés de nacimiento,  en el siglo XIX es considerado el padre de la enología moderna. Las levaduras, hongos y bacterias cumplen con su misión y el hombre puede mayormente controlar ciertos parámetros, y elaborar vino atendiendo a criterios sanitarios de calidad higiénica y organoléptica.

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