Fase visual del vino

El proceso de cata de vino es complejo y se compone de varias fases: visual, olfativa y gustativa. Para conseguir un resultado satisfactorio, hay que realizar cada una cuando corresponde y no perder la coherencia. En esta entrada hablamos de la fase visual del vino, que es la primera, y explicamos las formas de aplicarla.

La fase visual del vino

A nadie se le escapa que la vista es el sentido que nos permite discriminar a corto plazo entre lo que nos gusta y lo que no, además de ser el que actúa más rápido. Por este motivo, el impacto visual de un vino al verlo resulta fundamental. No entender esta cuestión es quedarse a mitad de camino.

La fase visual sirve para que podamos hacer una serie de consideraciones generales del caldo que vamos a probar, aunque posteriormente se deberán complementar con la fase olfativa y la cata propiamente dicha.

El elemento que permite inferir conclusiones es el color del vino porque, en función de sus características, tiene asociadas unas cualidades u otras. A partir de ahí, podremos apreciar un vino mejor y conocer qué nos puede ofrecer.

No podremos decir nada concluyente de la calidad del vino, puesto que aún no lo hemos probado, pero sí de su variedadedad y de si está o no en buen estado. Carecer de esta información puede dificultar los análisis que hagamos a medio plazo y, de alguna manera, estaremos yendo a ciegas.

¿En qué consiste?

La fase visual consiste en mirar con atención el vino a través de la copa antes de olerlo y catarlo. Este paso puede realizarse indistintamente por profesionales o aficionados. Un profesional podrá saber fácilmente si es un vino joven o de crianza, así como si está en condiciones perfectas de consumo.

Factores que afectan

Son varios los factores que afectan a la hora de distribuir bien el color del vino. En primer lugar, el tipo de cepa del que se trata y la edad que tenga la botella. Sin tener en cuenta esto, difícilmente se puede realizar una valoración justa.

Por otra parte, las condiciones en las que esta haya sido almacenada resultan igualmente determinantes. El proceso de elaboración condicionará que nos hallemos ante un vino joven o con crianza.

Finalmente, las técnicas de poda que se aplicaron también merecen nuestra consideración. Todas estas variables influirán, y mucho, en el resultado final que se obtiene.

Variedades de vino

En función de la variedad de vino que veamos, existen unas características distintas y es conveniente conocerlas para no cometer errores. El principal aspecto distintivo, aunque luego habrá que considerar otras cuestiones, es que el color sea compacto.

Cuando se trata de vinos tintos, un caldo opaco y denso suele tener crianza y estar en su punto exacto de cata. En cambio, si el vino ha perdido color y hay variaciones entre distintas partes del líquido, es que ya ha pasado su mejor época.

Si vamos a probar un vino blanco, hay dos aspectos fundamentales para inferir conclusiones. Los colores más vivos, sea este pajizo u ocre, indicarán que el vino está en buenas condiciones de consumo, mientras que un color más apagado o descolorido indica que se trata de un vino viejo.

La fase visual del vino es una etapa imprescindible para una cata profesional en la que se quieran valorar con detenimiento todos los atributos de un caldo. Por este motivo, hoy se ha generalizado su uso en todos los ámbitos. En Heredad de Aduna contamos con una variedad de vinos de Rioja Alavesa de calidad contrastada y garantizada, gracias a nuestro buen hacer y a la incorporación de tecnologías de última generación.

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